N - Herir

No puedo dejar de sorprenderme cada vez que una versión es más conocida que la versión original. Cuando eso ocurre porque el artista que versiona se pone a rebuscar entre temas poco conocidos de hace varias décadas, puede ser normal; pero cuando hablamos de versiones que se llevan apenas ocho años y el compositor es alguien tan importante musicalmente y en la industria como Trent Reznor (a quien la revista Time en 1997 incluyó entre las personas más influyentes de EEUU) me resulta de lo más sorprendente.

Los Nine Inch Nails son Trent Reznor aunque Trent Reznor sea mucho más que los Nine Inch Nails. La banda, que nació en el 88 en Cleveland, tiene como único miembro oficial (el resto son contratados por concierto o sesión y suelen variar relativamente mucho), productor, cantante, compositor e instrumentista a Reznor y este publica la gran mayoría de temas a través de la banda (aunque no olvidemos que también ha trabajado como solista para grandes del cine como Oliver Stone o David Linch y que tiene un Oscar junto a Atticuss Ross por la banda sonora de “la red social” de David Fincher). Pero además, el de Pensilvania es productor, ingeniero de sonido, compositor y una de las voces más influyentes en la escena del rock industrial y el hard-rock. Gracias a su ojo y a su capacidad de ver las posibilidades de cada artista, hemos descubierto a gente tan importante en la escena como a Marilyn Manson (a quien muchos consideraron su protegido durante los 90).  Nine Inch Nails apareció en la escena impactando de un modo "comparable al de los The Velvet Undergrund en su momento", según las palabras del mismo David Bowie. Y es que el Pretty Hate Machine (1989) fue un éxito de público y crítica que encumbró a la banda y que les abrió las puertas de grandes estadios. Después vinieron Broken (1992) y The Downward Spiral (1994), del que se extrajeron cuatro sencillos: March of the pigs y Closer que se editaron como EPs y dos que se presentaron como sólo para radiodifusión sin resto de single: Piggy y este genial Hurt.




Cuando ya has producido a grandes de la música como LL Cool J, los Beasty Boys, Run DMC, Slayer, Danzig, AC/DC, los Red Hot Chili Peppers, Tom Petty o hasta al mismísimo Mick Jagger, ¿qué te queda por hacer en la industria? Eso mismo se preguntó a mediados de los 90 Rick Rubin. Y la respuesta fue ponerse a trabajar con un genio olvidado de la música country que estaba medio desaparecido debido a una enfermedad neurodegenerativa u con problemas con el alcohol y las drogas. Esa estrella pasada de rosca y en declive era el gran Johnny Cash y ese primer disco que hizo medio resurgir su carrera fue American Recordings (1994). El álbum era una mezcla de versiones y temas propios de Cash y aunque no fue un gran éxito a nivel comercial, se convirtió en un modelo copiable y nos trajo otra serie de grandes trabajos que marcarían el final de la carrera del de Arkansas. La siguiente colaboración de ambos genios fue Unchained (1996), donde (repitiendo el esquema de versiones y temas propios) estuvo arropado en la grabación por lo mejor de lo mejor (Tom Petty, Mike Campbell, Howie Epstein, Steve Ferrone, Mick Fleetwood o Flea entre otros) y después llegaron American III: Solitary Man (2000), American IV: The Man Comes Around (2002) y otros tantos. Este último disco contenía entre otras versiones, una versión del Personal Jesus de Depeche Mode (que adaptó al blues John Frusciante, guitarrista de los Red Hot Chili Peppers), una del Desperado de los Eagles, otra del In My Life de los Beatles, una del Bridge Over Troubled Waters de Simon and Garfunkel, o una del I Hung My Head de Sting. Pero lo que hizo que este disco fuera todo un éxito fue el tema que se eligió como  primer single del disco: esta versión del Hurt de los Nine Inch Nails


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