H - Pequeña ala
Hoy vamos a hablar de guitarristas épicos. Porque el tema
que traigo es uno de los solos más increíbles de guitarra de todos los tiempos.
Ya hablamos de brevemente de su compositor, Jimi Hendrix en el post del all
allong the watchtower de Dylan y prometí que seguiríamos hablando del de
Seattle, así que cumplo con mi promesa y hablo de quien Rolling Stone (y yo lo
secundo) define como el mejor guitarrista de todos los tiempos. Los abusos le
llevaron a dejarnos en un hotel de Londres apenas cuatro años después de que su
carrera hubiera comenzado a la edad de 27 años, pero su legado es inmenso y
pocos guitarristas (o músicos en general) pueden decir que no es un referente.
Rompedor en estilo, innovador en la técnica, apasionado del rock and roll y del
blues electrificado y culo de mal asiento, Hendrix marcó un antes y un después
en la música de finales de los años 60 y pese a sus modestos inicios, llegó a
ser el músico mejor pagado en hitos musicales como el festival de Woodstok del
69 o el de la Isla de Wright de 1970.
De familia humilde, alcohólica, conflictiva, desestructurada
y mestiza (su abuela paterna era medio Cheroqui), el pequeño Jimi (a quien nada
más nacer llamaron Johnny Allen, pero que meses después cambiaron el nombre por
James Marshall) pasó una infancia dura entre casas de acogida temporales y
palizas de sus padres cuando le recogían para después volver a abandonarle. Las
guitarras eran la gran fascinación del pequeño Jimi y ya se le veía coger las
escobas como si fueran una a principios de los 50. Y en el 57, cuando la
negativa de su padre a comprarle una persistía, encontró en la basura un viejo
ukelele con solo una cuerda, que aprendió a tocar de oído y con el que
consiguió en menos de un mes tocar varios temas de Elvis. La pasión de Jimi por
las guitarras seguiría hasta su muerte y le llevaría a dar una gran
versatilidad técnica al instrumento a base de innovar con él. No sólo tocaba
una guitarra de diestro con las cuerdas invertidas y las pastillas reajustadas
para poder tocarla como el zurdo que era (esa preciosa Fender Stratocaster
blanca), sino que a Hendrix se le debe técnicamente mucho. Fue uno de los
pioneros en conseguir racionar, armonizar y aprovechar el sonido de los acoples
de la guitarra, el gran impulsor de la popularización del pedal wah-wah (que
habían empezado a tocar pocos años antes grandes como Cream o Frank Zappa) y el
primero en grabar en estudio con efectos de phaser estereofónico. De todas esas
novedades que nos trajo, un claro ejemplo es este Little Wing de su segundo álbum
Axis: Bold as Love (1967), grabado en los estudios Olympus de Londres con unos
efectos muy adelantados a su tiempo y
con dopplers generados a través de altavoces giratorios “Leslie”.
Músico, compositor, productor y grandísimo guitarrista y
vocalista, Gary Moore dedicó dos de sus discos en solitario a dos de sus
mayores influencias. El primero fue el “Blues for Greeny” (1995) dedicado a
Peter Green, guitarrista de Fleetwood Mac. El siguiente, grabado en 2007 pero
editado póstumamente fue el “Blues for Jimi” del que toca hablar. Forjado en el
hard rock y en el heavy setentero, pasando por grupos como Skid Row, Thin Lizzy
o Coliseum, ya desde 1972 el de Glasgow compaginaba su música más dura en
conjuntos con un proyecto bluesero en solitario. En cualquiera de los
proyectos, Gary siempre demostró que su manera de utilizar una Gibson Les Paul
era maravillosa en la ejecución y en el sonido limpio o sucio que quisiera. A
los 58 años nos dejó de un paro cardiaco (supuestamente debido al exceso de
alcohol) en un hotel de Estepona (Málaga) este genio y virtuoso de la guitarra
que entre su legado tiene esta (entre otras) maravillosa versión.
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