D - A lo largo de la torre de vigilancia

Digamos que no soy de las personas que más coinciden con la academia sueca a la hora de repartir galardones. Sinceramente no sé qué tipo de criterios utilizan y no entiendo bien cómo seleccionan a los galardonados. Y cuando se trata de secciones no científicas, mucho menos. Con esta introducción creo que ya se sabe de quién voy a hablar en este post. Porque, ¿quién en el mundo de la música tiene un Nobel? Efectivamente, Robert Allen Zimmerman, el genio de Duluth, Minnesota. Señoras y Señores, con ustedes Bob Dylan.

Nieto de inmigrantes ucranianos y lituanos, y criado entre Duluth (su ciudad natal) y Hibbing (ciudad natal de su madre a la que se trasladaron cuando tenía seis años), Bob necesitaba más y por eso, al cumplir los 18 se matriculó en la Universidad de Minnesota y se trasladó a Minneapolis para encontrar un lugar más rico cultural y musicalmente. Y allí, pese a su primer interés en el blues y el rock and roll, terminó involucrándose en el circuito local de folk de Dinkytown. Tras este paso, Minneapolis se le volvió a quedar pequeño y emigró a New York, donde pronto se convirtió en un imprescindible de los clubs de Geenwich Village y donde no tardó en conseguir que Columbia le fichara para grabar su primer disco, homónimo, en 1962 con tan solo 21 años. Desde entonces hay que resumir mucho para que esta entrada no sea un libro: 44 discos, los Traveling Wilburys, una gira que no termina nunca (Never ending tour) que lleva con nosotros desde el 7 de junio del 88 y que no terminará, infinidad de premios musicales, una trilogía de discos cristianos fruto de su conversión a finales de los 70, programas de radio, un Unplugged para la MTV, un Oscar y un Globo de Oro (por el tema Things have Changed compuesta para la película Jóvenes Prodigiosos de Curtis Hanson), miles de reconocimientos públicos a su carrera y un Nobel de literatura.

En 1967, para su octavo trabajo, Dylan gravó en Nashville un disco especial, el John Wesley Harding. Un disco minimalista en cuanto a instrumentación y muy influenciado por el reposo forzado de Dylan tras un accidente de moto lleno de misterio (el hospital no guarda ningún tipo de registros de su parte de accidente). Paisajes que evocan el medio oeste estadounidense y referencias bíblicas alimentan este disco que incluye este maravilloso All along the watchtower.




Un año después de que el de Duluth sacara este tema, se editó la versión que el propio Dylan consideró como “definitiva”. Jimi Hendrix (del que ya hablaremos más tranquilamente en otro post) estaba en el apogeo de su carrera en el 68 cuando se editó el Electric Ladyland que incluía este tema en el que rendía tributo, no sólo a la canción, sino a alguien que había influido tanto en su carrera. Cuenta la leyenda que, en sus orígenes, Hendrix sólo quería ser guitarrista y no cantante porque estaba acomplejado por su voz. En ese momento alguien le dijo que cantar, si la canción era buena, era fácil y que la voz no era importante, y le puso de ejemplo la voz nasal y rota de Dylan. En ese momento, Hendrix se decidió por cantar. Sea cierta o no la anécdota, el hecho es que Hendrix siempre admiró a Dylan y que una de las pruebas más claras es esta versión.


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