C - Un barco llamado Proud Mary
Comencemos por el principio, que siempre ayuda a entender
las cosas. Si no, es difícil llegar a comprender como tres chavales de catorce
años de un instituto de El Cerrito, California, llegaron a ser unas auténticas
estrellas del rock que influyeron en tantísimas otras. Y para hacerlo más
difícil todavía, hablamos de una banda que sacó siete discos en sus escasos cinco
años de carrera musical (1968-1972). Hablamos de los The Blue Velvets, y no me
refiero ni a la canción de Tony Bennett ni a la película homónima de David
Lynch. ¿No? Probemos otra vez, puede ser que les conozcáis por el nombre que
eligieron después por instrucciones de Fantasy Records: The Golliwogs…
¿Tampoco? Pues este nombre de la formación llegó vivo hasta el 66…
Vamos entonces por la parte que se conoce más. Esos tres
chavales de El Cerrito eran John Fogerty, Doug Clifford y Stu Cook y en algún
concierto de los Blue Velvets se les unía el hermano mayor del primero, Tom,
quien sí que pasó a formar parte del cuadro oficial de los Golliwogs. Cuando
John y Doug se fueron al servicio militar en el 66, Tom y Stu conocieron al
productor Saul Zaenz que les propuso grabar un disco de estudio con una
condición, que se cambiaran el nombre (Zaenz trabajaba en Fantasy, pero no
soportaba el nombre que la productora les había propuesto). John y Doug
volvieron a finales del 67 y tras pasar las navidades pensándolo se metieron en
el estudio para grabar y lanzar su primer álbum en 1968. El álbum, al igual que
el grupo vino a llamarse Creedence Clearwater Revival (Creedence por un amigo
de Tom Fogerty: Credence “Creed” Nuball, Clear-Water por un anuncio de cerveza
y Revival por el renovado compromiso de los cuatro con la banda). La explosión
de blues sureño electrificado, swamp rock, country, folk y rock no dejó a nadie
indiferente y fue un éxito. Paradójicamente, el tema que más éxito tuvo fue el
único no compuesto por John Fogerty, sino una versión del Suzy Q de Dale
Hawkins. Tras este disco y su promoción
llegó lo que fue el año del gran éxito mundial de la Creedence, el 69. Un año
en el que publicaron tres discos de estudio y dieron más de 100 conciertos. El
primero de esos tres discos históricos es el Bayou Country, que tenía por
tercera pista de la cara B una canción dedicada a un barco de vapor que cruzaba
el Mississippi: el Proud Mary
Y ese barco inspiró a mucha gente, entre ellas a una pedazo
de artista que demostró que una vida difícil no está reñida con una gran voz y
un excelente talento musical. La vida de Tina Turner da para un libro (su
autobiografía “I, Tina” es una breve descripción de horrores varios) o para
varios. La de Tennessee (aunque ahora tenga nacionalidad suiza) ha pasado por
una familia totalmente rota de acogida que la iba abandonando, abusos,
vejaciones, discriminación racial y violencia doméstica entre otros pero aun
así hasta el 2013, cuando anunció que se retiraba de la música, siempre ha sido
un huracán en el escenario. Parte del secreto, según ella, para pasar por
momentos tan difíciles y no caer en la depresión: el budismo Nichiren y sus
cánticos, lo que profesa desde los 70. En el 71, y junto a su marido por aquel
entonces (Ike) publicó esta genial versión del tema de John Fogerty.
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