B - El hombre que vendió el mundo
Bien está lo que bien empieza, dice el refranero castellano.
Pero si alguien empieza por escoger su nombre artístico para hacer un tributo
al creador de un cuchillo de caza grande y peligroso, la cosa pinta regular (en
lo que a comienzos se refiere…). No obstante, la música nos sorprende de vez en
cuando y esta es una de las ocasiones más sonadas. ¿Quién le iba a tomar el
nombre a Jim Bowie? Pues por muy increíble que parezca, no era alguien de la
escena del black metal o del heavy más duro sino alguien tan polifacético a
quien sólo se puede describir como un camaleón. Ha hecho blues, folk,
psicodelia varia, rock, pop, plastic soul, electrónica, ambiental,
pseudo-clásica y tantas otras cosas que ni recuerdo. Señoras y señores, con
ustedes David Bowie.
El éxito le llegó tarde, por lo menos según él, y eso que
con 22 años se autoprodujo y autograbó una demo llamada Space Oddity, que
cambió todo. Pero aunque apenas tenía edad para beber, Bowie había empezado a
componer y tocar música (empezó, aunque parezca raro como saxofonista) a los
quince. En esos primeros años pasó por varias bandas y no consiguió su sueño de
ser una gran estrella del pop, como le había dicho a su madre cuando esta le
abroncaba por saltarse clases. Pero llegó 1969, el año en el que el hombre
llegó a la luna, y meses antes de que se lanzara el Apollo un joven británico
paliducho comenzaba, a modo de premonición, un tema con un “Ground control to
Major Tom”. Con el éxito de su segundo disco en solitario (el primero fue
homónimo y un fracaso en ventas) empezaba todo.
Tras el disco, hubo tour de entrevistas en américa y Bowie
empezó a componer en las horas muertas a lo loco material para sus próximos
tres discos: The man who sold the world, Hunky Dory y el grandísimo The rise
and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars que le daría la fama más
mundial y que nos traería a ese entrañable marciano/estrella del pop que es
parte de la cultura pop hasta ahora y que fue uno de los personajes más
emblemáticos que creó. The man who sold the world fue un disco que pasó algo
desapercibido por estar en esa época entre el Space Oddity y el the rise and
fall of Ziggy Stardust… pero son nueve pistas maravillosas, no tan psicodélicas
pero con una producción delicada y con mucho estilo. La novena pista, la cuarta
de la cara B, daba título al álbum.
Otro que también alcanzó el éxito a los 22 años rompiendo
con lo tradicional hasta entonces en la industria de la música fue un chaval de
Aberdeen llamado Kurt Cobain. Era finales de 1988 cuando Kurt, junto a su amigo Krist (Novoselic) se metía en un estudio de grabación para editar su primer album, Bleach, que vería la luz en junio del año siguiente y que supondría la explosión del grunge y el sonido Seattle. El éxito de público y crítica fue seguido por una carrera fulgurante de sonidos sucios, drogas, desenfreno y depresión que culminaron con la muerte de Cobain el 8 de abril del 94, convirtiéndole así en el último miembro del famoso "club de los 27" con otras estrellas malogradas de la talla de Hendrix, Janis Joplin, Mama Roach o Jim Morrison. En los cinco años de carrera de Nirvana, nos dejaron cuatro discos de estudio (el mencionado Bleach, el mítico Nevermind, Incesticide y el experimental In Utero) y una grabación para la MTV que, aunque se produjo el 18 de noviembre del 93 no se publicó, como disco póstumo hasta noviembre de 1994. En una mezcla armoniosa entre temas propios y otros de The Vaselines, Meat Puppets y canciones tradicionales, colaron en la cuarta pista esta maravillosa versión del tema de Bowie.
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