A - Qué mundo más maravilloso

A veces llega un momento en el que te haces viejo de repente. Sin arrugas en la frente pero con ganas de morir. Así de bien retrataban los celtas cortos el hastío por el vivir y por el mundo. Pero yo no creo que todo sea tan triste. Creo que siempre nos quedará la música. La música que nos inspira, que nos anima, que nos hace mecernos y esbozar una sonrisa. Y de eso va este blog, de música... y de inspiración. De esos temas que han inspirado a grandes artistas y que luego los han hecho propios. De versiones originales, y de versiones no originales.

Y para empezar, quiero hacerlo con un clásico. Quiero hacerlo con una canción que se publicó por primera vez en octubre de 1967 como la cara A de un single editado por Philips en Alemania. La canción no era suya, como muchos creen, sino que la habían compuesto unos años atrás Bob Thiele y George D. Weiss, habituales compositores de jazz que habían ya colaborado con "Pops", como llamaban cariñosamente a Armstrong. Contrariamente a lo que se piensa a día de hoy, la canción, fue un fracaso en EEUU y vendió apenas 1000 copias. Un negro hablando de lo bello de las cosas pequeñas y cotidianas no fue del todo entendido por la crítica jazzistica ni por el racista hombre blanco que todavía normalizaba la segregación y que, pese a los tímidos avances sociales de integración derivado del "verano del amor", no iba a consumir ese tipo de música. No obstante, en Inglaterra sí que tuvo un ligero éxito donde durante una semana alcanzó el primer puesto de la lista de ventas. 

Pese a su moderado éxito en el momento, la canción siguió retumbando en los oidos y los corazones sobre todo de los europeos donde un año después ya se había versioneado en Alemania por Roy Black o los I Trolls. Pero el tiempo pasó y quedó un poco en el olvido durante los 70 y el principio de los 80 hasta que fue recuperada en el 87 por la maravillosa "Good Morning, Vietnam" de Barry Levinson. De la peli, ni hablo, porque necesitaría un blog aparte tanto cinematográfico como para comentar la banda sonora. 



Lo que sí que fue un éxito inmediato fue la versión que os presento. Los discos póstumos siempre tienen tirón en ventas; bien como homenaje al lamentablemente fallecido o bien por el morbo de ver cómo empieza a gestionarse su legado musical. Y si el disco en un disco inédito ya grabado previamente y no un refrito de grandes éxitos, las ventas suelen ampliarse. Sumemos a esto a que el que nos había dejado era el fundador de una de las bandas más influencias en el punk... Joey Ramone Jeffrey Hyman según ponía en su pasaporte, había fundado los Ramones en 1974 a los 23 años con unos amigos del barrio (Queens) y habían tenido poco éxito explorando el nuevo sonido del punk rock, pero pese a la falta de éxito comercial habían empezado a llamar la atención de la industria (ya habían compuesto temas que a día de hoy son clásicos del punk y de su discografía como el Judy is a punk) y les quedaba poco para, de la mano del mítico productor Phil Spector, triunfaran y se convirtieran en los abanderados del movimiento. Ni los excesos, las drogas, el alcohol, las grupies, los matrimonios de las exnovias de un miembro con otro miembro del grupo (si, la novia de Joey le dejó para poco después casarse con Johnny) hicieron que el sonido de los Ramones dejara de expandirse, pero cuando un guitarrista y un vocalista no se hablan en veinte años, al final el grupo termina disolviéndose. Y eso ocurrió en 1996. Joey se dedicó entonces a proyectos personales (montó un grupo, produjo unos temas a la ex-Ronnette Ronnie Spector,...) y en 2000, según muchos conociendo ya su enfermedad y queriendo dejar un legado, se metió en el estudio para grabar Don't worry about me, lo que sería su obra póstuma. Curiosamente, en 2002, Joey ya muerto consiguió dos de sus grandes propósitos: que este album viera la luz, y que los Ramones entraran en el Rock&roll Hall of fame.


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